| Principios éticos
para evaluadores |
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Evaluar el proyecto de forma imparcial y de
acuerdo con los estándares de calidad.
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La documentación que se entrega a los evaluadores
para revisión es confidencial. No deben difundir, copiar o utilizar
para sus propios fines la documentación facilitada. Un evaluador
puede necesitar información especializada sobre alguna técnica
descrita en el proyecto. Para ello es aceptable realizar consultas
puntuales con expertos, siempre y cuando estos sean ajenos al
proyecto evaluado. Los evaluadores deben recordar que las normas de
confidencialidad se aplican no solo al material, sino también a los
intercambios y discusiones que tienen lugar en las reuniones de las
comisiones de evaluación.
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Imparcialidad y ausencia de conflictos. La labor
del evaluador consiste en hacer juicios de valor, en muchos casos
subjetivos, sobre la validez, relevancia y factibilidad de un
proyecto. Los evaluadores deben de ser neutrales y estar libre de
sesgos que puedan influenciar su capacidad de decisión. La sospecha
de presencia de conflictos de interés aconseja el cambio de
evaluador ya sea a propia petición o por parte del coordinar del
grupo de evaluación.
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Juego limpio y ausencia de beneficio del proceso
de evaluación. Los evaluadores no deben obtener beneficios directos
del proceso de evaluación. En concreto, el material revisado no debe
ser utilizado en beneficio del evaluador, por ejemplo, para
anticiparse en el desarrollo de una idea o para aplicar una
metodología novedosa a investigaciones en curso.
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Las críticas al proyecto deberán realizarse
siempre con corrección y profesionalidad, respetando el pluralismo
científico y sin valoraciones peyorativas de la capacidad de los
investigadores.
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