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Resumen |
La Medicina ha cambiado enormemente en los últimos veinticinco años por la
interacción de varias causas: a) los avances tecnológicos que, por una
parte, generan nuevas expectativas diagnósticas y terapéuticas, pero que,
simultáneamente, provocan ciertos conflictos en relación con el origen y el
final de la vida y la investigación en seres humanos; b) los cambios de
nuestras sociedades, en crisis permanente, con creciente pluralidad étnica y
social que arrastra también una diversidad de pautas morales, y c) las
modificaciones en las relaciones médico-paciente y enfermero-paciente, que
han pasado de antiguos modelos paternalistas y autoritarios a nuevos modelos
basados en los derechos de los usuarios y la responsabilidad subsidiaria del
Estado.
La Bioética surge como nueva disciplina con la paladina intención de
proporcionar principios éticos aplicables a la práctica clínica, así como
una metodología de análisis y posibles soluciones de los problemas éticos
que plantean las ciencias de la vida. En este sentido, tiene un objeto
que, aunque coincidente en algunos puntos, va más allá de la deontología
profesional. Los profesionales sanitarios son instruidos en la curación de
las enfermedades (médicos) y en el cuidado de los pacientes (enfermeras),
pero, respecto de la reflexión ética, la instrucción no pasa de algunos
consejos puntuales o unas leves recomendaciones. Sin embargo, en
nuestro quehacer diario manejamos hechos biológicos, pero también valores
humanos.
Se distinguen cuatro principios bioéticos: 1) No maleficencia: "lo primero,
no hacer daño"; 2) Beneficencia: "el mayor beneficio para el paciente"; 3)
Autonomía del enfermo: "el enfermo tiene derecho a decidir sobre sí mismo",
y 4) Justicia: "justicia en la distribución de los recursos". No todos
los principios tienen el mismo valor y pueden, en casos concretos, entrar en
conflicto unos con otros. Se pueden establecer dos niveles. El
primero está constituido por los principios de no maleficencia y justicia,
que tienen un carácter absoluto y general; el segundo por los principios de
beneficencia y autonomía, que tienen un carácter relativo y particular.
El primero se conoce como "ética de mínimos" y se trata de una ética civil
que obliga a todos los miembros de la sociedad y cuyo cumplimiento puede ser
impuesto incluso coactivamente mediante normas jurídicas. El segundo,
conocido como "ética de máximos", corresponde al proyecto vital de cada
persona e implica que nadie puede imponer a otros su propio ideal de
perfección, felicidad o bienestar. El profesor Diego Gracia ha
propuesto un modelo de análisis bioético que parte de la historia
clínica. Sin un conocimiento previo de los datos biológicos y
biográficos difícilmente se pueden evaluar los aspectos éticos
comprometidos.
Se proponen las siguientes orientaciones: 1) Educar a médicos y enfermeros
en los problemas éticos que generan, tanto la asistencia, como la
investigación en seres humanos; 2) Enseñar Bioética en las facultades de
medicina y en las escuelas de enfermería durante el pregrado; 3) Introducir
la Bioética en los cursos de formación continuada durante el postgrado; 4)
Instruir a médicos y enfermeros en la metodología de análisis de los
problemas éticos, que capaciten para tomar decisiones en situaciones
conflictivas; 5) Revalorizar la historia clínica como documento
indispensable para analizar racionalmente los problemas morales que se
derivan de la misma; 6) Consensuar criterios de actuación entre los
profesionales y fortalecer el trabajo en equipo, y 7) Crear comités
asistenciales de ética en hospitales y áreas sanitarias para el análisis y
resolución de problemas bioéticos, a través del apoyo colectivo
multidisciplinar.
La sociedad puede exigir a la medicina y a la enfermería que no sean
maleficentes ni injustas. La no maleficencia y la justicia son
condiciones necesarias, pero no suficientes en la relación
profesional-paciente. Pero, a su vez, ambas profesiones, deberán
armonizar sus deseos de beneficencia hacia el enfermo contando con la
voluntad de éste. |