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Resumen |
La miocardiopatía, dilatada, hipertrófica o restrictiva, puede, en su
evolución, desembocar en una insuficiencia cardiaca refractaria y en un
deterioro hemodinámico tal, que el trasplante de corazón es la única
posibilidad de supervivencia. Un gran número de pacientes, aun siendo
considerados terminales, o pueden permanecer en su domicilio con el soporte
del equipo médico de trasplante y la enfermera de consultas externas, o
pueden esperar en una sala de cuidados intermedios. Pero existe otro
grupo de pacientes que, no sólo son terminales, sino que, literalmente, se
están muriendo. Su inestabilidad les obliga a permanecer, hasta la
intervención quirúrgica, en un box de intensivos, "adaptados" a una forma de
vida extraña, semiaislados y mantenidos con vida a base de drogas continuas,
a dosis cada vez más altas, y máquinas desconocidas que invaden su cuerpo y
su espacio. Se trata de personas que, como tales, precisan cubrir
todas sus necesidades básicas y, sin embargo, presentan una incapacidad
prácticamente total para asumir su autocuidado. En nuestra unidad, el 100%
de estos pacientes presentaron alteraciones respecto de estas necesidades
básicas, aunque no todos en los mismos parámetros ni en la misma medida.
Tras analizar todos los datos se desarrollaron los diagnósticos de
enfermería más comunes a esta patología y la planificación de cuidados
estandarizados para las necesidades valoradas. La enumeración de las
etiquetas diagnósticas basta para hacerse idea de la enorme lista de
cuidados enfermería que traen consigo. A pesar de semejante despliegue
de diagnósticos y cuidados de enfermería, como la prioridad principal es
mantener con vida al paciente, las enfermeras se ven obligadas a destinar la
mayor parte del tiempo a la atención de problemas interdisciplinarios, es
decir, a controlar la aparición de posibles complicaciones causadas por
técnicas agresivas, por la medicación o por la propia patología, o a
controlar, junto con los médico, las complicaciones que ya existen e,
incluso, a tomar con frecuencia decisiones urgentes, aunque no estén, a
priori, entre nuestras competencias. Todo ello no sólo no limita la
profesión de enfermería, sino que justifica la existencia de unidades de
críticos y la presencia de la enfermería en ellas. Es más, la atención
de enfermería recibida en el pretrasplante influye en la evolución y calidad
de vida posterior. También es competencia de la enfermería ayudar a
morir en paz. Desde el momento que tratamos con un paciente terminal,
en muchos casos agónico y que, si no llega la donación a tiempo, está
irremisiblemente abocado a la muerte, es un cuidado básico de nuestra
actuación profesional. A veces se mueren, pero aún muchas más veces
"se sienten morir". Cuando ya los inotrópicos no sirven, la presión de
una mano todavía funciona. Pero los cuidados de enfermería no sólo
están destinados al enfermo, sino también a sus familiares y amigos más
allegados, muchas veces incapaces de hacer frente a la gravedad y, con mayor
razón, a la muerte de su ser querido. Para ayudar a los demás a perder
el miedo, tenemos que ser capaces de perder el nuestro. |