La cirugía valvular corrige el mal funcionamiento de las válvulas cardíacas (mitral, aórtica, tricúspide o pulmonar) para mejorar el flujo sanguíneo y reducir la sobrecarga del corazón.
Puede realizarse mediante apertura del esternón (esternotomía) y generalmente, el uso de circulación extracorpórea (máquina que sustituye la función del corazón y los pulmones), o técnicas menos invasivas que favorecen una recuperación más rápida, con pequeñas incisiones (minitoracotomía o miniesternotomía), o con pequeños orificios (cirugía asistida por robot).
El tratamiento puede consistir en reparar la válvula (valvuloplastia o anuloplastia) o reemplazarla por una prótesis mecánica o biológica, según la lesión, la edad y las comorbilidades del paciente.
Las prótesis mecánicas requieren anticoagulación de por vida con control del INR(medida estandarizada del tiempo que tarda la sangre en coagularse), mientras que las biológicas solo precisan anticoagulación temporal o antiagregación, sin embargo, presentan una degeneración progresiva y necesitan ser sustituidas en torno a 10 años.
Las complicaciones de la cirugía valvular incluyen arritmias, especialmente fibrilación auricular, infecciones (de la herida, pulmonares o urinarias), sangrado y afectación transitoria de órganos. La más grave es la endocarditis infecciosa, provocada por la infección de bacterias u hongos que ingresan al torrente sanguíneo y se adhieren a las válvulas. En raras ocasiones pueden producirse ictus o alteraciones cognitivas temporales.
Tras una cirugía valvular, durante las primeras horas, el paciente permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos o en una Unidad de Cuidados Cardiológicos, con monitorización continua y apoyo respiratorio hasta que su evolución permita retirar progresivamente los dispositivos.
El inicio precoz de la movilización, la reanudación progresiva de la alimentación y una buena fisioterapia respiratoria favorece la recuperación y el alta temprana a planta de hospitalización.
Una vez en planta, los cuidados se orientan a recuperar la autonomía mediante movilización precoz, fisioterapia respiratoria, protección del esternón al toser o moverse, cuidado de las heridas, seguimiento estricto del tratamiento farmacológico (especialmente anticoagulantes o antiagregantes)y vigilar signos de alarma como fiebre ≥38ºC, aumento brusco de la fatiga o enrojecimiento de las heridas.
Al alta hospitalaria comienza una etapa importante de recuperación en casa, que suele durar varias semanas.
La recuperación debe ser progresiva, con caminatas diarias aumentando el tiempo según la tolerancia, evitando esfuerzos importantes, cargar peso o movimientos bruscos con los brazos, especialmente tras esternotomía.
Es fundamental mantener una buena higiene bucal para prevenir la endocarditis infecciosa, así como acudir al dentista de forma periódica.
Se recomienda continuar con los ejercicios respiratorios, cuidar la higiene diaria y vigilar el estado de las heridas.
Se debe seguir una alimentación saludable, evitar el tabaco y limitar el consumo de alcohol.
La medicación debe tomarse exactamente como ha sido prescrita, sin suspenderla ni añadir otros fármacos por cuenta propia.
La reincorporación a actividades como conducir o viajar dependerá de la evolución y debe consultarse con el especialista.
Ante signos de alarma como fiebre, dificultad respiratoria, dolor torácico, palpitaciones, aumento rápido de peso (más de 0,5 kg al día o 3 kg en pocos días), hinchazón de piernas, signos de infección en la herida o síntomas neurológicos como debilidad, visión borrosa o dificultad para hablar, se debe consultar con el equipo sanitario
Concepción Fernández
Febrero 2026
