Entrevista a Adelaida Lozano Polo

Enfermera y Doctora por la Universidad de Murcia, donde es profesora asociada. Máster en Tabaquismo PIUFET y en Salud Pública. Coordina el Grupo de Tabaquismo de FAECAP y SEAPREMUR y forma parte del Grupo Gestor del Proyecto EVICT (Evidencia Cannabis – Tabaco). Actualmente es Delegada del CNPT en la Región de Murcia, donde trabaja desde 2003 en programas de Prevención y Control del Tabaquismo en la Consejería de Salud.

Tres palabras que justifiquen la necesidad de abandonar el tabaco…

Salud, libertad y bienestar

Una estrategia no desarrollada, imprescindible para favorecer la deshabituación… ¿De quién dependería?

A día de hoy, la deshabituación tabáquica no está implantada en todos los servicios de salud como debería, tanto en atención primaria, como en centros hospitalarios, consultas externas, centros de salud mental y de atención a adicciones. De manera que debería haber una apuesta firme en los sistemas de salud para implantar un Programa integral de cesación (y prevención) del consumo de tabaco y otros productos relacionados. ¿De quien depende? Pues como cada Comunidad Autónoma tiene sus competencias, le corresponde al Gerente de cada Servicio de Salud, sin embargo, considero que desde el Ministerio se debería impulsar la coordinación entre las autonomías para asegurar la equidad en la prevención y ayuda a la cesación.

¿Qué lugar ocupa España en la prevalencia del tabaquismo dentro de la UE? Hay diferencias significativas en el consumo entre géneros, clase social y/o edad? ¿Influyen los determinantes sociales?

El consumo de tabaco en España es todavía elevado dado que prácticamente una de cada cuatro personas fuma. Esta cifra es superior a la identificada en otros países de nuestro entorno próximo como Francia, Italia, Portugal, Alemania, Reino Unido o Irlanda. Según datos de la Unión Europea, España ocupa el 12º puesto entre los más fumadores en el ranking del consumo de tabaco, con un porcentaje del 22%, y estando por encima de la media de la UE de los 28 (18,4%).

Fuente: Unión Europea https://ec.europa.eu/health/tobacco/indicators_en

Estudios posteriores (European Cardiovascular Disease Statistics 2017) muestran que los hombres españoles estarían por encima de la media, y en la mitad del ranking. Sin embargo, las mujeres con un porcentaje similar a la media ocuparían el 12º puesto de los 50 estudiados.

En la mayoría de los países, el consumo de tabaco es superior en los hombres adultos que en las mujeres de su edad, y así ocurre en España, aunque las cifras se están aproximando. La diferencia por sexo es menor al 5% en países como Dinamarca, Irlanda, Países Bajos, Noruega, Suecia y el Reino Unido.

Los datos existentes muestran que el consumo de tabaco en sí es causante de desigualdad en la población. El porcentaje de consumo es mayor en grupos sociales más desfavorecido, especialmente en el caso de los hombres. No solo se han observado estas desigualdades en el consumo de tabaco, sino que también se han identificado en la exposición al humo ambiental de tabaco, siendo la población más desfavorecida la más expuesta a este importante tóxico.

En cuanto a la edad, hay diferencias en la prevalencia de consumo entre la población joven, la adulta y las personas de mayor edad. El grupo que consume tabaco en mayor proporción es el de 25 a 44 años en hombres y de 25 a 54 en mujeres, según la Encuesta Nacional de Salud de 2017.

En el caso de población adolescente, el porcentaje de consumidores es similar en chicos y chicas actualmente, aunque en años previos era superior en las chicas, según el estudio HBSC de 2018. De acuerdo con los datos de ESTUDES 2018, el porcentaje se mantiene superior en las chicas (10,3%) respecto a los chicos (9,4%).

¿Cambiar el cigarro convencional por el cigarrillo electrónico reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular y otras enfermedades relacionadas con el tabaquismo?

Actualmente no conocemos el impacto real de los cigarrillos electrónicos en la salud de la población, y en concreto en la enfermedad cardiovascular. Los efectos son diferidos, al igual que ocurre con el tabaco. Se considera que estos dispositivos podrían ser menos tóxicos que el tabaco en sí, aunque no son inocuos. Hay indicios de efectos perjudiciales a nivel respiratorio y cardiovascular que nos deben hacer ser cautos, y de acuerdo con el principio de precaución, no debemos proponerlos como método de reducción de daños. Así lo establece tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS), como el Ministerio de Sanidad entre otros organismos sanitarios.

El consumo de tabaco y cannabis en adolescentes de 14 a 18 años en los últimos años ha aumentado de manera preocupante. ¿Hay alguna estrategia definida desde la CNPT, al respecto? ¿Cómo se puede abordar el tabaquismo en edades tempranas?

Los últimos estudios en población joven (ESTUDES) han reflejado un ligero aumento del consumo de tabaco adolescentes, tanto en las chicas como en los chicos, y especialmente en el consumo de cannabis.

Desde el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) preocupados por este fenómeno se puso en marcha en 2015 un proyecto dirigido a abordar el consumo conjunto de estas sustancias, dado que la forma mayoritaria de consumo de cannabis en España es el porro, mezclado con tabaco. Se trata del Proyecto EVICT (www.evictproject.org) que está impulsado por el Plan Nacional Sobre Drogas. Con este proyecto se está analizando la evidencia disponible sobre el consumo dual, a lo que se llama el “nudo” tabaco-cannabis, tanto en cuanto a sus perjuicios, interrelaciones, factores de riesgo y protección y abordaje o tratamiento. El Proyecto EVICT está impulsando distintas estrategias dirigidas a sensibilizar a la población sobre los riegos que conlleva este consumo, formar a profesionales en la prevención y el control del consumo dual y a poner en marcha estrategias específicas de prevención en el entorno escolar, universitario y asistencial. En su web se pueden consultar los programas y recursos disponibles para ello.

Supuestamente, el abandono del tabaco se relaciona con un incremento del peso (unos 5 kg); el sobrepeso y la obesidad son factores importantes de riesgo cardiovascular…aun así compensa dejar de fumar?

Los estudios hablan que de media se puede aumentar unos 3-4kilos al dejar de fumar, eso significa que hay personas que no aumentaran de peso y otras que pueden hacerlo en mayor medida. Igualmente se ha observado que el aumento del peso se puede controlar con medidas dirigidas a fomentar una alimentación saludable y a promover la actividad física. La ganancia de peso puede ser un obstáculo para dejar de fumar, en personas muy preocupadas por el peso, por ello hay que explicar que se abordará el control del peso durante el proceso de abandono de tabaco, especialmente en una segunda fase. El aumento del peso suele ocurrir generalmente en los dos primeros meses y en la mayoría de las ocasiones está vinculado al aumento de ingesta calórica y a la disminución del gasto energético, cuestiones sobres las que podemos intervenir. Este aumento de peso suele ser a expensa del incremento del tejido graso presente en la región subcutánea de muslo y glúteos y no tanto a la grasa abdominal. Los estudios refieren que al dejar de fumar se suele reducir el índice cintura-cadera, sin aumento del colesterol total y con una elevación de las lipoproteínas de alta densidad (HDL). Por tanto, al dejar de fumar se produce una disminución del riesgo de accidente vascular. Se precisaría un incremento muy elevado de peso para que éste pudiera igualar el riesgo de fumar. De manera que se ha observado que el beneficio al dejar de fumar es mayor que el riesgo que supone este aumento del peso.

¿La mayoría de las personas fumadoras que logran abandonar el tabaco lo hacen sin ayuda profesional ni farmacológica ¿Cuál es tu opinión sobre la responsabilidad del sistema sanitario en ofrecer una atención integral para la deshabituación tabáquica?

Es cierto que la mayoría de la población deja de fumar por su cuenta, pero los estudios hablan de que la eficacia en estos casos es entorno al 5%. Es decir, 5 de cada 100 personas que lo intentan consiguen dejar de fumar. Las tasas de abandono al año se incrementan notablemente si se realiza el intento de cesación con ayuda de un programa multicomponente que incluye el apoyo sanitario, uso de técnicas educativas y cognitivo-conductuales, apoyo psicológico y farmacológico, alcanzando una tasa de éxito entorno al 30%.

Teniendo en cuenta, la elevada morbi-mortalidad que produce el consumo de tabaco, los sistemas sanitarios deberían aumentar los esfuerzos para ofrecer esa ayuda integral a las personas fumadoras para que abandonen el consumo lo antes posible. No concebiríamos que no se realizaran esfuerzos para proporcionar un apoyo integral a las personas con enfermedad cardiovascular o con patología oncológica, sin embargo, la realidad es que en ocasiones se obvia que esas patologías están asociadas a la conducta de fumar, y que para mejorar la salud de la persona y controlar sus factores de riesgos y el pronostico de la enfermedad debería ofrecérsele también el apoyo adecuado para dejar la adicción al tabaco. Por tanto, ¿Cuál es la responsabilidad del sistema sanitario? ¡Toda! Desde prevenir el consumo a edades tempranas con programas de prevención primaria, como diagnosticar precozmente a las personas fumadoras y ofrecerle un consejo de cesación y la ayuda suficiente para que haga un intento serio de abandono, con programas multicomponentes y adaptados a los distintos colectivos para evitar desigualdades en salud.

¿Qué papel desempeñamos las enfermeras en la prevención y el tratamiento del tabaquismo? ¿Disponemos de herramientas suficientemente útiles? ¿En qué ámbitos de actuación somos más necesarias?

Las enfermeras somos claves en la prevención y el tratamiento del tabaquismo, así como lo somos en el sistema sanitario. Tenemos formación en estrategias de educación para la salud que pueden contribuir tanto a la prevención del consumo de tabaco y otros productos relacionados, la prevención a la exposición del humo ambiental, como a la ayuda en el proceso de abandono. No hay que olvidar que el consumo de tabaco es una conducta, y como tal el abordaje debe ser conductual y apoyado en técnicas de educación para la salud. Además, podemos realizar un seguimiento de la adherencia terapéutica y sobre todo establecer planes de cuidados dirigidos a fomentar el autocuidado y otros estilos de vida saludables que van a venir bien a la hora de dejar de fumar: alimentación saludable, actividad física, control del estrés y la ansiedad… Es cierto que no todas las Universidades de Enfermería proporcionan formación específica en cesación tabáquica durante la formación de grado. Sin embargo, esta carencia está siendo suplida con formación postgrado realizada desde los sistemas sanitarios y las sociedades científicas de enfermería, como es el caso de FAECAP.

La implicación de enfermería en el abordaje de tabaquismo es necesaria en todos los niveles asistenciales, desde enfermería familiar y comunitaria a las enfermeras de atención hospitalaria, en planta o consultas especializadas. También se puede animar a la población a dejar de fumar desde los servicios de urgencias, por ejemplo. Por tanto, no se puede decir que sea más necesaria la enfermería de un ámbito u otro, cada profesional debería aprovechar cada oportunidad para animar a sus pacientes o usuarios a no fumar. Hay ámbitos que permiten realizarlo quizá con más facilidad, como sería atención primaria, siendo el primer eslabón en la cadena de la deshabituación tabáquica y muy útil para la prevención primaria, pero también es esencial en ámbitos hospitalarios de servicios relacionados con patología asociada al tabaquismo, como cardiología, neumología, oncología, por ejemplo, para realizar prevención secundaria o terciaria.

¿Las políticas de salud en torno al tabaco son eficaces? ¿Hay enfermeras involucradas en ellas?

Se sabe que en el control del tabaquismo las medidas legislativas son básicas. La legislación española de medidas sanitarias frente al tabaquismo ha sido un hito en salud pública, al prohibir la publicidad, promoción y patrocinio del tabaco, restringir el consumo en espacios públicos y a menores de edad. Aún así, hay medias que han demostrado ser muy eficaces como el aumento de precio de los productos de tabaco, o el empaquetado neutro para restringir todo tipo de publicidad de las marcas, que no están totalmente implantadas en nuestro país. En España hay enfermeras muy involucradas en el impulso de medidas de control y políticas de prevención del tabaquismo, especialmente integradas en el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo desde sus sociedades científicas, como es el caso de FAECAP (Federación de Asociaciones de Enfermería Comunitaria y Atención Primiaria) o AEEC. Aún así, considero que debería haber mayor implicación en otros colectivos de enfermería y no sólo centrándose en la ayuda al abandono, sino en realizar medidas de abogacía por la salud que promuevan medidas legislativas de control del tabaco y de otros productos relacionados, como cigarrillos electrónicos.

Colaboraste en un documento de consenso, creo que, en el año 2012, sobre atención clínica al tabaquismo en España. ¿Se está llevando a la práctica de manera oficial?

Desde el Grupo de Tabaquismo de FAECAP hemos colaborado en distintos documentos de consenso dirigidos a promover la atención al tabaquismo y a impulsar medidas de control de tabaco, como es el caso de la reciente “Declaración de Madrid por la salud y para el avance de la regulación del tabaco en España”. Pero todavía nos queda mucho camino por recorrer. Como he comentado anteriormente no existe un programa integral de atención al tabaquismo a nivel nacional, ni se han implantado todas las medidas que la OMS propone en su estrategia MPOWER y en el Convenio Marco para el Control del Tabaco. Hay comunidades que están más avanzadas en estos aspectos, y si aplican las propuestas establecidas en este documento de consenso, pero no hay equidad en el abordaje y el control del tabaquismo a nivel nacional. Por tanto, debemos seguir impulsando que estos documentos de consenso, para facilitar la toma de decisiones, y también estrategias para que se lleven a cabo de manera efectiva, en colaboración con otros sectores y profesionales implicados.