Enfermedades cardiovasculares y conducción

Autorización y nota preliminar

Por su indudable interés reproducimos en este apartado el capítulo 7, «Enfermedades cardiovasculares y conducción», del Manual sobre aspectos médicos relacionados con la capacidad de conducción de vehículos, publicado por la Dirección General de Tráfico. El autor de este capítulo es el Dr. D. Alberto García Lledó, que trabaja en el Hospital Universitario de Guadalajara.  

Tanto el autor, como la Dirección General de Tráfico, nos han autorizado expresamente a la reproducción del mencionado capítulo 7. Desde aquí, queremos agradecer vivamente a uno y a otra, este permiso. Como señalan los coordinadores en el prólogo del manual, conseguir enfrentarse a los «accidentes» no como hechos fortuitos sino como problemas de salud evitables es labor de todos, y especialmente de los profesionales sanitarios. De ahí que tenga todo el sentido incluir este importante asunto en nuestro sitio en Internet: www.enfermeriaencardiologia.com.

La conducción de vehículos está sometida a la correspondiente autorización administrativa. Disponer del permiso de conducción, más allá de una imperiosa necesidad para muchas personas, es la consecuencia de un innegable derecho de los ciudadanos.  La autorización administrativa  ha de consistir, más que en la selección de conductores con un determinado nivel de aptitud, en la detección de conductores que puedan presentar situaciones con un determinado nivel de riesgo de accidente.

Desde esta perspectiva debe entenderse la labor del profesional sanitario en la prevención de los accidentes de circulación.  La detección precoz del riesgo para la circulación asociado al estado de salud del conductor evitaría —evidentemente— buen número de accidentes.  Esta acción preventiva va dirigida preferentemente al control de la situación de riesgo, preservando en lo posible el acceso a la conducción del sujeto que presenta este riesgo potencial.

Es verdad que la prevención de los accidentes de tráfico es una responsabilidad compartida por todos. Pero también es verdad que los profesionales de la salud se encuentran en una posición privilegiada no sólo por su capacidad para detectar situaciones de riesgo relacionadas con el estado de salud del sujeto, sino también por su capacidad de proporcionar una orientación específica en este campo.

El manual, en su conjunto, tiene un doble propósito:

  1. Informar al médico y al profesional de la salud, en todos sus aspecto, de la relación existente entre enfermedad y capacidad de conducción de vehículos, desde el contenido de la legislación vigente al respecto en nuestro país y en la Unión Europea, hasta los datos más relevantes sobre accidentalidad y deterioro de las capacidades para la conducción.

  2. Promover la participación del profesional de la salud en la prevención primaria del accidente de tráfico, facilitando la labor de detección y control de situaciones de riesgo y de consejo médico desde el ámbito sanitario.

En definitiva, como señala D. Carlos Muñoz-Repiso Izaguirre, Directo General de Tráfico, se pretende impulsar la labor preventiva de los profesionales de la salud frente a los accidentes de tráfico en un triple frente:

  1. Informando a los profesionales de la salud de las situaciones susceptibles de restringir el acceso al permiso de conducción.

  2. Exponiendo los datos más relevantes que pueden reducir la capacidad de conducción en relación con las distintas enfermedades y trastornos.

  3. Facilitando la tarea de los profesionales de la salud, tanto su aspecto asistencial como en el específico de evaluación de conductores.

La progresiva hipertrofia del concepto de salud ha determinado que la salud ya no es sólo el contrapunto de la enfermedad, sino que, en el Estado social de Derecho, uno de los elemento constitutivos de la calidad de vida y del bienestar.  Las lesiones, o incluso la muerte, por accidentes de circulación constituyen la primera causa de pérdida de bienestar para un amplísimo sector de nuestra sociedad.  Los profesionales sanitarios participan cada vez más directa y activamente en la prevención de sus consecuencias.  Y no puede ser de otro modo, porque los profesionales sanitarios participan en todos los niveles, desde el primario al terciario, de los accidentes de tráfico.  Por esta razón, la prevención ha de ser entendida  en un sentido total, esto es, antes, durante y después del accidente. Los profesionales sanitarios intervienen en la cadena de prevención de las consecuencias de los accidentes desde el instante en que proporcionar «consejo médico» al paciente con relación a su enfermedad o a la medicación prescrita, hasta el momento en que atienden a la víctima de un accidente en una unidad de traumatología.

Enfermedades cardiovasculares y conducción