La alimentación cardiosaludabe prioriza el consumo de alimentos frescos y mínimamente procesados, con énfasis en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y fuentes de proteína magra como pescado y aves, mientras limita el consumo de grasas saturadas y trans, azúcares añadidos, sodio, carnes rojas y procesadas, y alimentos ultraprocesados. Se recomienda utilizar técnicas de cocción saludables como plancha, vapor, horno, guisos con poca grasa o salteados, evitando las frituras.
Este tipo de dieta busca mantener un peso adecuado, un colesterol saludable y una buena presión arterial, factores clave para proteger el corazón. Se recomienda un índice de masa corporal entre 20- 25 kg/m2 y una circunferencia de la cintura <94 cm en los hombres y <80 cm en las mujeres.
La dieta mediterránea -consumo de vegetales, frutas, cereales integrales, pescado y aceite de oliva, y restringiendo carnes procesadas, bebidas azucaradas y sal- ha demostrado reducir la mortalidad y los eventos cardiovasculares, favoreciendo el. El reemplazo de proteínas animales por proteínas vegetales se asocia con menor mortalidad total y cardiovascular.
Beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día es adecuada para adultos sanos, pero en pacientes con insuficiencia cardíaca la ingesta de líquidos debe individualizarse, según síntomas y estado clínico.
El consumo moderado de café (3–5 tazas/día) y té se asocia con reducción del riesgo cardiovascular, incluyendo menor incidencia de insuficiencia cardíaca, arritmias, infarto y mortalidad global.
El chocolate negro (≥70% cacao), de consumo moderado, se asocia con beneficios cardiovasculares, como reducción de presión arterial, colesterol LDL y glucemia.
No se recomienda el uso de suplementos nutricionales no prescritos para la prevención cardiovascular -aceites de pescado, vitaminas o antioxidantes-, ya que la evidencia es insuficiente para su beneficio. El enfoque debe estar en la calidad global de la dieta y en la reducción de calorías en caso de sobrepeso u obesidad, según las necesidades de cada paciente.
Consumo recomendado
- Pescado graso: 1–2 veces por semana. a ingesta de pescado o marisco al menos tres veces por semana, dos de ellas en forma de pescado azul,
- Fibra: 30–45 g diarios (principalmente de cereales integrales) y unos 30 g de frutos secos al día.
- Lácteos: al menos dos raciones diarias (leche, leche fermentada, queso, yogur…)
- Frutas y verduras: 4–5 raciones diarias entre las dos.
- Legumbres: mínimo 4 raciones semanales, aumentando progresivamente hasta un consumo casi diario, por su alto contenido en proteínas vegetales.
Concepción Fernández
Actualizado febrero 2026

