La inactividad física o falta de ejercicio se considera uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de enfermedad cardiovascular y otras enfermedades crónicas, discapacidad, peor calidad de vida y aumento de la mortalidad. Las personas sedentarias presentan mayor riesgo de sufrir arteriosclerosis, hipertensión arterial y enfermedades respiratorias.
Aunque mayores volúmenes e intensidades de ejercicio se asocian con una mayor reducción del riesgo, el mayor beneficio se obtiene al evitar el sedentarismo. Pasar de una situación de inactividad a realizar al menos 30 minutos diarios de caminata se asocia con una reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular de entre un 23 % y un 40 %.
El ejercicio físico es fundamental tanto en la prevención primaria, orientada a evitar la aparición inicial de enfermedades cardiovasculares, como en la prevención secundaria, en pacientes que ya presentan una enfermedad cardiovascular establecida. La práctica regular de ejercicio mejora la capacidad cardiorrespiratoria y optimiza factores de riesgo tradicionales y no tradicionales, como la presión arterial, el perfil lipídico, la sensibilidad a la insulina y la reducción de la inflamación sistémica.
En pacientes con enfermedad cardiovascular establecida, la prescripción de ejercicio debe ser individualizada y progresiva, comenzando con entrenamiento aeróbico de intensidad moderada y añadiendo progresivamente ejercicios de fuerza según la tolerancia del paciente.
La actividad física regular, que cumpla o supere las recomendaciones internacionales —al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico de intensidad moderada o 75 minutos de intensidad vigorosa— se asocia con una reducción significativa del riesgo de enfermedad cardiovascular y de la mortalidad por cualquier causa.
Las guías clínicas recomiendan combinar ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza:
Actividad física aeróbica: Entre 150 y 300 minutos semanales de intensidad moderada, o 75 a 150 minutos semanales de intensidad vigorosa, o una combinación equivalente de ambas, distribuidas a lo largo de la semana.
Las personas que no alcanzan el mínimo recomendado deben ser animadas a aumentar su nivel de actividad, y las sedentarias deben incrementarla de forma gradual. Las personas mayores o con enfermedades crónicas que no puedan alcanzar los 150 minutos semanales deben realizar la mayor cantidad de actividad física que toleren.
Ejercicios de fuerza: La combinación de entrenamiento de fuerza con actividad aeróbica se asocia con un menor riesgo de eventos cardiovasculares y de mortalidad por cualquier causa. Se recomiendan al menos dos días por semana, incluyendo 8–10 ejercicios diferentes que trabajen los principales grupos musculares.
Ejercicio aeróbico, de fuerza y de equilibrio en personas mayores, con el objetivo de mejorar la funcionalidad y prevenir las caídas.
Concepción Fernández
Actualizado febrero 2026

