El entorno en el que vivimos influye directamente en la salud del corazón. Factores como la contaminación del aire, el ruido, las temperaturas extremas o la exposición a sustancias químicas pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
La contaminación atmosférica, especialmente las partículas finas, es uno de los principales factores de riesgo. Puede provocar inflamación, dañar los vasos sanguíneos y aumentar la probabilidad de hipertensión, diabetes, insuficiencia cardiaca, infarto o arritmias. El ruido constante también se relaciona con hipertensión y daño arterial. Además, la exposición a microplásticos, pesticidas o metales pesados puede favorecer procesos inflamatorios y aumentar el riesgo cardiovascular.
Gran parte de la contaminación ambiental depende de factores sociales y políticos, Reducir la exposición a la contaminación del aire y a temperaturas extremas, evitar la actividad física en horas de mayor polución o calor/frío extremo, disminuir el uso del automóvil, ventilar adecuadamente los espacios, limitar el consumo de plásticos y favorecer entornos más verdes contribuye a proteger los vasos sanguíneos y el corazón.
Fenómenos extremos como olas de calor/altas temperaturas y episodios de frío muy fuerte pueden afectar a la salud, especialmente al corazón y a las personas más vulnerables. En pacientes con enfermedad cardiovascular previa, provocan un aumento de las visitas a urgencias y los ingresos hospitalarios.
El calor puede afectar al corazón al provocar pérdida de líquidos por el sudor, lo que disminuye el volumen de sangre y puede causar bajadas de tensión, mareos e incluso desmayos o golpes de calor. Por ello, las personas con enfermedades cardiovasculares deben extremar las precauciones: dieta rica en frutas y verduras, mantenerse bien hidratadas, evitar el alcohol, no salir en las horas de más calor, permanecer en lugares frescos, usar ropa ligera y seguir correctamente su tratamiento.
Ante síntomas como cansancio, mareos o palpitaciones, deben consultar.
El frío, por el contrario, produce un estrechamiento de las arterias, aumentando la presión arterial, la frecuencia cardiaca y el esfuerzo del corazón. Esto puede desencadenar complicaciones, especialmente en personas con enfermedad cardíaca.
Se recomienda abrigarse adecuadamente, evitar esfuerzos intensos al aire libre, limitar el consumo de alcohol, limitar las salidas del hogar y evitar la actividad física intensa en las primeras horas de la mañana o al anochecer, cuando las temperaturas son más bajas y usar ropa adecuada (prendas térmicas, guantes, gorro y calzado impermeable que ayuden a conservar el calor corporal).
Mantener una actividad física moderada, dentro del domicilio, contribuye a mejorar la circulación sanguínea sin someter al organismo a esfuerzos excesivos.
Es importante entrar y salir de ambientes fríos o cálidos de manera progresiva, permitiendo que el cuerpo se adapte gradualmente a los cambios de temperatura y reduciendo así el estrés cardiovascular.
⚠️Dolor o presión en el pecho o irradiado a brazo izquierdo, cuello o mandíbula. mareos o desmayos, falta de aire o dificultad para respirar, latidos irregulares o acelerados son síntomas de alerta.
Concepción Fernández
Febrero 2026

