La gripe está asociada a un aumento significativo del riesgo de eventos cardiovasculares agudos, incluyendo infarto agudo de miocardio, insuficiencia cardíaca, arritmias, accidente cerebrovascular y miocarditis. El riesgo es especialmente elevado durante la primera semana tras la infección, y afecta principalmente a adultos mayores y personas con enfermedad cardiovascular previa.
Cuando el organismo combate el virus de la gripe, se activa una respuesta inflamatoria intensa que se extiende por todo el cuerpo. En personas con arterias ya dañadas por placas de colesterol, esta reacción puede volverlas inestables y favorecer su ruptura. Cuando una placa se rompe, se puede formar un coágulo que obstruya una arteria y provoque un infarto o un ictus.
La infección puede alterar el funcionamiento del endotelio, la capa interna que recubre los vasos sanguíneos, y aumentar la tendencia de la sangre a coagularse. A esto se suma que el virus podría tener efectos directos sobre el músculo cardíaco y el propio sistema vascular, lo que puede agravar problemas cardíacos ya existentes.
Las complicaciones cardiovasculares relacionadas con la gripe son diversas y se presentan con mayor frecuencia en adultos mayores, personas frágiles y pacientes con antecedentes de enfermedad cardiovascular o alto riesgo cardiovascular. Y cuando aparecen, el pronóstico suele ser peor: las estancias hospitalarias son más largas y el riesgo de fallecimiento es mayor en comparación con los pacientes que no desarrollan complicaciones cardíacas.
La vacuna contra la gripe no solo protege frente a las infecciones respiratorias, sino que también disminuye de forma importante el riesgo de infartos y muertes cardiovasculares(hasta 25% y 37%), especialmente en personas con enfermedades del corazón.
Los pacientes cardiovasculares son considerados un grupo de alto riesgo y las guías internacionales recomiendan la vacunación anual con la cepa correspondiente a cada temporada. Además, se ha demostrado que administrarla durante una hospitalización por un evento cardiovascular agudo o por insuficiencia cardiaca aporta un beneficio adicional en la prevención de complicaciones.
Prevenir la gripe está en nuestras manos. Pequeños hábitos diarios como lavarse las manos con frecuencia, cubrirse al toser o estornudar con un pañuelo, evitar los besos y el contacto muy cercano y limpiar superficies de uso común ayudan a frenar el contagio. También es importante ventilar los espacios cerrados, evitar el contacto cercano cuando hay síntomas y no compartir objetos personales.
Mantener un estilo de vida saludable (dormir bien, comer equilibrado, beber agua, hacer actividad física y evitar el tabaco y el alcohol) fortalece nuestras defensas.
Si una persona contrae la gripe, debe seguir las indicaciones médicas para proteger a los demás. Y en el caso de quienes tienen enfermedad cardiovascular, es fundamental continuar con su tratamiento habitual, salvo que su cardiólogo indique lo contrario.
Concepción Fernández
Febrero 2026

