La cirugía de aorta es un procedimiento médico diseñado para tratar diversas enfermedades que afectan a la aorta, la arteria principal del cuerpo que distribuye sangre oxigenada desde el corazón a todos los órganos. Se realiza sobre todo en casos de aneurismas -dilataciones-, disecciones -desgarros en la pared de la arteria- u otras lesiones que pueden poner en riesgo la vida.
El objetivo de esta cirugía es prevenir complicaciones graves, como la rotura de la aorta o la muerte súbita, cuando el riesgo de no tratarla es mayor que el de la intervención.
La cirugía abierta es la técnica tradicional y consiste en sustituir la parte enferma de la aorta por una prótesis vascular. Es una opción muy duradera y especialmente útil en pacientes jóvenes o en situaciones más complejas.
La reparación endovascular es una alternativa menos invasiva, que permite colocar una endoprótesis a través de una pequeña punción en la ingle, sin necesidad de abrir el tórax o el abdomen.
Suele facilitar una recuperación más rápida, aunque requiere controles periódicos a largo plazo.
En algunos pacientes se realiza una cirugía híbrida, que combina ambas técnicas para adaptar el tratamiento a casos más extensos o complejos.
Cuando la enfermedad afecta a zonas cercanas al corazón, pueden ser necesarias técnicas más específicas, como la sustitución de la raíz aórtica con o sin recambio valvular, o procedimientos complejos sobre el arco aórtico, siempre individualizados según cada caso.
La cirugía de aorta es una intervención compleja que puede salvar la vida, aunque, como toda cirugía mayor, puede asociarse a complicaciones como sangrado, infecciones, arritmias, problemas respiratorios, daño renal o ictus.
En la cirugía abierta, al tratarse de una técnica más agresiva, la recuperación suele ser más lenta y el riesgo de complicaciones puede ser mayor. En la reparación endovascular, aunque la recuperación suele ser más rápida, pueden aparecer problemas relacionados con la endoprótesis, por lo que requiere controles periódicos.
Por este motivo, después de una cirugía de aorta es fundamental mantener un seguimiento médico estrecho y acudir siempre a las revisiones programadas.
Antes de la intervención, es importante mantener una buena higiene bucal y seguir cuidadosamente las indicaciones del equipo médico, especialmente en relación con la medicación habitual, ya que algunos fármacos como la aspirina o los anticoagulantes pueden necesitar suspensión temporal.
Tras la cirugía, el paciente suele despertar en la Unidad de Cuidados Intensivos o de Cuidados Cardiológicos, con monitores, drenajes y otros dispositivos necesarios para una vigilancia estrecha.
Aunque al principio es normal sentirse cansado o débil, la recuperación actual favorece una movilización temprana, con el objetivo de sentarse y caminar lo antes posible para prevenir complicaciones.
Una vez en casa, la recuperación continúa de forma progresiva. Durante las primeras semanas deben evitarse los esfuerzos físicos importantes y no se recomienda levantar peso, especialmente si se ha realizado una apertura del esternón. También es importante mantener los ejercicios respiratorios, cuidar las heridas quirúrgicas y seguir correctamente el tratamiento indicado.
Debe consultarse de forma urgente si aparecen signos de alarma como fiebre, escalofríos, enrojecimiento o secreción en la herida, dificultad para respirar, cansancio brusco o dolor o chasquidos en el esternón.
Concepción Fernández
Febrero 2026
