Dispositivos cardiacos

El corazón produce constantemente y de forma regular impulsos eléctricos que viajan a través de las vías eléctricas del corazón y provocan la contracción del músculo cardiaco que bombea la sangre a través del cuerpo. Las contracciones se perciben como latidos y el paso de la sangre por las arterias como ‘pulso’ en los lugares superficiales donde se puede palpar. Cuando el corazón está sano, lleva un ritmo uniforme en reposo entre 60 y 90 latidos por minuto.

El sistema eléctrico o ‘marcapasos’ natural del corazón puede dañarse y hacer que los impulsos se enlentezcan y produzcan retrasos o bloqueos en el sistema de conducción, con menor número de latidos de los normales y pulso lento, lo que se llama bradicardia, o incluso ausencia total de latidos durante un tiempo generalmente breve. Estas alteraciones pueden ser permanentes o aparecer de forma ocasional y producen síntomas como cansancio, mareos, pérdidas de conciencia, falta de respiración, dolores en el pecho, palpitaciones, embotamiento y dolores de cabeza. El tratamiento de estos procesos con pulso lento es la implantación de un marcapasos.

En otras ocasiones, el sistema eléctrico se daña y el número de latidos cardiacos aumenta en exceso o se produce una actividad eléctrica desorganizada, se producen arritmias (taquicardia ventricular y fibrilación ventricular) e incluso una parada cardiaca. Para detener y revertir estas arritmias cardiacas rápidas es necesaria la aplicación brusca y breve de una corriente eléctrica de alto voltaje (desfibrilación), siendo necesario el implante de un desfibrilador automático implantable (DAI) o un DAI subcutáneo.

Además, para el estudio de pacientes con síncopes de origen desconocido, hay dispositivos que permiten la monitorización electrocardiográfica, son los Holter. Pueden ser portátiles (el paciente lo lleva a su domicilio entre 1-7 días y realiza su actividad normal) o subcutáneo (Holter implantable subcutáneo para monitorización electrocardiográfica subcutánea a largo plazo).