La cirugía abierta es la técnica tradicional en cirugía vascular. Consiste en realizar una incisión para acceder directamente al vaso sanguíneo y repararlo. Se realiza habitualmente con anestesia general y sigue siendo fundamental, sobre todo en casos complejos o urgentes. Suele recomendarse en pacientes jóvenes o con buen estado general, y cuando la anatomía de los vasos es compleja o en situaciones urgentes, como rotura de un aneurisma o infecciones de prótesis previas.
Entre las intervenciones más frecuentes se encuentran el bypass (crear un nuevo paso para la sangre), la endarterectomía (eliminar placas de grasa) y la reparación de aneurismas, sustituyendo la parte debilitada de la arteria por un injerto. Suele indicarse en pacientes con buena condición general o cuando otras técnicas no son posibles.
Aunque ofrece resultados duraderos, es una cirugía agresiva, con recuperación más lenta , posible ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos o Cuidados Cardiológicos y conlleva riesgos, especialmente en los primeros días tras la intervención. Entre ellos, se encuentran problemas respiratorios, infecciones, alteraciones renales o complicaciones cardíacas, como el infarto de miocardio. Las complicaciones a largo plazo son poco frecuentes.
La cirugía asistida por robótica permite realizar intervenciones con mayor precisión y control, lo que aumenta la seguridad y reduce el daño a los tejidos, favoreciendo una recuperación más rápida.
Antes de una cirugía vascular, es fundamental realizar una exploración clínica y pruebas de imagen, que permiten conocer exactamente la localización y gravedad del problema.
Se optimiza el tratamiento médico, con fármacos como las estatinas y, en algunos casos, aspirina antes de la cirugía para mejorar los resultados.
Dejar de fumar es la medida de prevención y preparación más efectiva para reducir el riesgo de amputación y mejora la supervivencia.
Se aconseja, siempre que sea posible, realizar ejercicio físico supervisado varias veces por semana y controlar de forma estricta la hipertensión, el colesterol elevado y la diabetes para reducir las complicaciones y favorecer una mejor recuperación.
Se debe extremar el cuidado de las extremidades, sobre todo en personas con diabetes o mala circulación. Revisar los pies a diario y tratar cualquier lesión a tiempo ayuda a prevenir infecciones que podrían complicar o retrasar la intervención.
Tras una cirugía vascular, los cuidados y el estilo de vida son fundamentales para mantener los resultados de la intervención y prevenir nuevas complicaciones.
Dejar de fumar es esencial para evitar que la enfermedad progrese y proteger la cirugía realizada.
Se debe mantener un control estricto de la presión arterial para reducir la tensión sobre las paredes de los vasos y las prótesis
Es necesario bajar los niveles de colesterol y estabilizar la diabetes para frenar el avance de la aterosclerosis y promover una mejor cicatrización.
El ejercicio en pacientes con enfermedad arterial, forma parte del tratamiento. Se recomienda caminar de forma regular, varias veces por semana, adaptando la intensidad a la tolerancia del paciente. En casos avanzados o con enfermedades graves asociadas, debe realizarse bajo supervisión médica o limitarse a indicación profesional.
Es recomendable vigilar posibles síntomas o cambios, especialmente en las extremidades. Revisar los pies con frecuencia y consultar ante dolor intenso persistente, mareos o cambios en la coloración de la piel, permite detectar problemas a tiempo y actuar de forma precoz.
El seguimiento médico es clave. La intervención soluciona un problema concreto, pero la enfermedad vascular puede continuar evolucionando, y se requieren revisiones periódicas con exploraciones clínicas y pruebas de imagen -como ecografías o TAC-, para comprobar que los injertos o tratamientos siguen funcionando correctamente.
Concepción Fernández
Febrero 2026
