La muerte súbita cardiaca es el fallecimiento repentino e inesperado de una persona aparentemente sana, que ocurre en menos de una hora desde el inicio de los síntomas (o en menos de 24 horas si no hay testigos).
En España provoca alrededor de 30.000 muertes al año (más de 80 al día), la mayoría en el domicilio o en presencia de familiares o amigos. La supervivencia fuera del hospital es baja, pero mejora de forma importante si se actúa de inmediato con reanimación cardiopulmonar (RCP) y desfibrilación precoz.
No debe confundirse con el infarto: en el infarto se obstruye una arteria y una parte del músculo cardiaco deja de recibir sangre, pero el corazón puede seguir latiendo, mientras que en la muerte súbita el problema suele ser eléctrico, con una arritmia grave que impide al corazón bombear sangre, causando pérdida de conocimiento en segundos.
La causa frecuente en mayores de 35 años es la enfermedad coronaria; en jóvenes predominan enfermedades hereditarias como miocardiopatías o canalopatías. Puede aparecer en reposo, durante el sueño o con el ejercicio.
Entre los principales factores de riesgo destacan la hipertensión, el colesterol elevado, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo, el sedentarismo y los antecedentes personales o familiares de enfermedad cardiaca o muerte súbita. En jóvenes, síntomas como desmayos inexplicados, palpitaciones o convulsiones atípicas pueden ser señales de alarma.
Los síntomas pueden estar ausentes y ocurrir la muerte súbita sin aviso previo. Sin embargo, cuando aparecen señales de alarma, estas suelen incluir dolor en el pecho, palpitaciones, mareo, falta de aire o desmayo, especialmente durante el esfuerzo.
Ante una persona que pierde el conocimiento y no responde, es fundamental sospechar una parada cardiaca, llamar inmediatamente al 112 e iniciar las maniobras de reanimación cardiopulmonar y si se dispone de un desfibrilador externo semiautomático (DESA), debe utilizarse cuanto antes. Cada minuto de retraso reduce significativamente las posibilidades de supervivencia.
Iniciar la RCP de forma inmediata y utilizar un desfibrilador puede duplicar o triplicar la probabilidad de supervivencia y mejorar el pronóstico neurológico del paciente.
Tras una parada cardiaca recuperada, el paciente necesita atención hospitalaria urgente y un estudio para identificar la causa. En algunos casos puede ser necesario implantar un desfibrilador automático implantable. Según la enfermedad que haya causado la muerte súbita, pueden ser necesarios fármacos antiarrítmicos , la ablación con catéter , para eliminar el foco de la arritmia o tratamientos específicos en determinadas enfermedades hereditarias del ritmo cardiaco.
Cuando la muerte súbita cardiaca ocurre en una persona joven, es fundamental estudiar a los familiares de primer grado (padres, hermanos e hijos), ya que en muchos casos puede tener un origen hereditario. Los familiares identificados como portadores o con riesgo deben realizar revisiones médicas periódicas, incluso si no presentan síntomas. El seguimiento y las medidas preventivas se individualizan en cada caso, incluyendo si es necesario, tratamiento farmacológico, evitar fármacos que puedan favorecer arritmias, limitar el ejercicio físico intenso y, en pacientes de alto riesgo, el implante de un desfibrilador automático implantable.
El estilo de vida cardiosaludable contribuye a reducir el riesgo de muerte súbita.
Es importante controlar los factores de riesgo cardiovascular, mantener un peso adecuado, seguir una alimentación equilibrada, vigilar la presión arterial, el colesterol y la diabetes, y evitar el tabaquismo activo y pasivo.
Debe evitarse el consumo de drogas recreativas, como cocaína o anfetaminas, el exceso de alcohol y las sustancias dopantes, que aumentan el riesgo de arritmias graves e infarto.
La actividad física debe realizarse de manera regular, progresiva y adaptada a cada persona, preferiblemente, tras valoración médica si existen factores de riesgo o síntomas. Se recomienda evitar el ejercicio intenso en condiciones extremas o durante infecciones, especialmente respiratorias.
Ante síntomas como dolor en el pecho, palpitaciones, falta de aire, mareo o desmayo con el esfuerzo, se debe consultar.
Concepción Fernández
Actualizado febrero 2026
